Katharine Hepburn, fue una mujer de gran temperamento tanto en su vida privada como en su vida artística. La actriz no fue fiel a la tradición del vestir de la época sino que sus señas de identidad fueron los pantalones khakis o los jerseys de cuello alto.

La Biblioteca Pública de Artes Escenas de Nueva York rinde hasta el 12 de enero de 2013 un homenaje al estilo de la estrella en su exposición, Katharine Hepburn: vestida para el escenario y el cine.
La exposición cuenta con unas 40 piezas y complementos que la actriz guardo a lo largo de su vida y dono a su muerte al Museo de La Universidad de Ken State, de esa donación se han extraído los trajes con los que la actriz fue fotografiada fruto de los diseñadores de la época como Valentina, Howard Greer, cecil Beaton o Margaret Furse.
Hepburn cuidaba hasta el último detalle y por ello elegía personalmente el vestuario que llevaba, como camisas enfundadas en unos pantalones largos, los vestidos vaporosos ceñidos en su cintura.
Marlene Dietrich o Greta Garbo, intentaron convencer a las mujeres que podía llevar pantalones y ser fieles a la moda y la comodidad pero no fue hasta Hepburn  que las mujeres se convencieron de ello.
Entre sus personajes y ella misma no hubo casi diferencia que en muchas ocasiones pidió copias exactas de las prendas que llevo en sus películas; como fue  el de un vestido de seda y un abierto de Norman Hartnell que uso para  De repente el último verano o el pijama de raso de Valentina en Historias de Filadelfia
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